No es fácil, uno de los placeres y necesidades más simples de la vida convertido en problema.
La vida es extraña. Bajo este régimen me di cuenta de que la vida social gira en torno a la comida: cumpleaños, matrimonios o reuniones de amigos, la comida y bebida es protagonista. A los almuerzos familiares iba con mi cajita feliz de pollo con papas.
Primero eliminar los alergenos más comunes, luego ir eliminando las cosas que al parecer hacen mal a la guagua.
Llego un punto en que comía cuatro cosas: pollo, papas, manzana y lechuga. Para dar sabor sólo sal, azúcar, aceite de oliva y orégano.
La pérdida de peso era alarmante. Recursos para engordar habían pocos, papas fritas varias veces a la semana para sumar calorías o manzanas caramelizadas, y sí, desayunaba pollo con papas.
En esos momentos este plato era una salvación. Tan simple y rápido, si hasta ensucia poco! El pollo queda asado perfecto y las papas se cuecen en los jugos del pollo, doradas por fuera y suaves por dentro.
Más de alguna vez lo preparé cuando venían invitados, por supuesto que les cocinaba algo delicioso que yo no podía comer. Y claro, terminaban comiendose mi humilde pollo con papas.
Receta:
1 pollo entero
6 papas medianas
Sal
Orégano o romero
Aceite de oliva
Preparación:
Precaliente el horno a 180 grados.
Opcional: descuere el pollo. Materia opinable. Es más grasoso con piel , pero queda más bonito y dorado.
Lave y pele las papas. Córtelas en julianas gruesas. Si no las va a cocinar de inmediato sumérjalas en agua para que no se oscurezcan.
Salpimente las papas y póngalas en una fuente para horno, forme una capa uniforme.
Sale el pollo, agregue pimienta y orégano.
Póngalo sobre la cama de papas y agregue un poco de aceite de oliva.
Lleve a horno medio por una hora o hasta que salga jugo transparente al pollo, si sale jugo rojo aún esta crudo.
Yo lo volteo después de media hora en el horno para que se dore parejo.






